The Queen: El peso de la corona

Una de las series de televisión que más me ha llamado la atención en los últimos años ha sido la serie The Crown, exclusiva de Netflix. En ella se nos narra la vida de la familia real británica, teniendo como gran protagonista a la reina Isabel II, y cómo el conflicto entre sus deberes como monarca, los problemas familiares y las crisis, han moldeado a esta familia y a la reina, desde que comenzó su reinado hace más de 68 años. Gracias al interés que esta serie me generó, terminé descubriendo que su creador, Peter Morgan, ya ha trabajado en otras producciones sobre la monarquía británica, desde la miniserie de Enrique VIII de 2003 hasta The Queen de 2006, esta última siendo una película que marcaría el tono que The Crown adquiriría varios años más tarde.
La reina contra la modernidad
The Queen se ubica en 1997, en los días posteriores a la muerte de la princesa Diana, y nos narra como la reina Isabel II y el primer ministro Tony Blair luchan por lograr un acuerdo acerca de cual es la mejor respuesta que debe dar la familia real ante la tragedia, en un momento en que la familia busca privacidad al tiempo en que el pueblo, golpeado por el dolor, pide alguna manifestación pública de luto.
Aunque la película fue estrenada en 2006, y ha obtenido varias premiaciones (tanto de los Oscar como los BAFTA), una razón por la que creo que tiene mayor mérito verla hoy en día es por el éxito que ha cosechado The Crown, ya que el motivo por el que la familia real actúa como lo hace en The Queen se entiende mejor conociendo su historia previa narrada en la serie de Netflix.
Isabel II se perfila como una reina que ha dedicado su vida entera a la monarquía y al juramento que hizo de servir al pueblo británico hasta el final de sus días, al grado de que tanto su vida personal como la publica la ha moldeado de acuerdo a las necesidades del trono. Esto le permitió darle estabilidad a la institución que representa y aceptación de parte del público, al tiempo que la ha llevado a tener una familia, por decirlo suavemente, complicada.
Y esto es así porque, precisamente por el mismo hecho de ser la familia real, los ha llevado a tener una enorme exposición ante el público, a ser constante objeto de opiniones, y a tener que representar unos valores y comportamientos en todo momento, al grado de tener que dejar de lado sus verdaderas opiniones y deseos para actuar como el público espera de la familia real. La reina misma ejemplifica esto, al verse como una persona que desearía poder decir y hacer cosas, o a permitir que sus seres querido actúen acorde a sus intereses, pero que su posición y obligaciones como reina no le permite, dándonos la impresión de que siempre parece reprimirse ante las obligaciones que su cargo le impone, y convirtiendo a la reina ante el ojo de varios de sus seres queridos (como su propio hijo, el príncipe de Gales) en una mujer fría, inflexible y anticuada.
The Crown nos ha mostrado en sus tres temporadas como esto ha generado conflictos en la familia real, un malestar que se genera al no poder actuar libremente por tener que hacerlo acorde a las expectativas del pueblo y bajo las órdenes de Isabel II, y como la reina priorizo siempre las necesidades de la monarquía, ante todo, incluso la felicidad de su familia.

Y esto es lo que nos lleva a uno de los temas más importantes en The Queen. La reina fue criada para creer que la monarquía debía representar los valores e ideales de la sociedad británica, mostrar una imagen de perfección que fuese ejemplo para toda la sociedad. Unos valores que ella aplicó siguiendo al pie de la letra las tradiciones y costumbres de su juventud, sin importar como afectase a su familia.
Pero la sociedad británica de 1997 era una muy distinta a la de 1952, cuando Isabel II ascendió al trono. Si antes se apreciaba una familia real discreta en sus asuntos privados y respetuosa de las tradiciones y costumbres para ser vistos como algo superior, ahora se valoraba una monarquía más abierta y cercana a la población, que mostrase comportamientos más acordes a los del resto de las personas, y que no estuviese tan amarrada por tradiciones que muchos ya no entendían.
Diana ejemplifico bastante bien esto, al ser la primera de la familia real que, ante el deseo expreso de la reina de que actuase como el resto de la familia, y sacrificase su felicidad personal con un esposo que le engañaba para mantener las apariencias de cara al público y proteger la imagen de la monarquía, ella le dijo que no. Esta actitud de buscar alcanzar un mejor equilibrio entre sus deberes y su felicidad, le permitió ganarse mejor el apoyo del público, que la vio como alguien mucho más moderna y humana que la fría familia real liderada por una reina con valores ya anticuados, y que llevó a las grandes manifestaciones de afecto ante su muerte.
La reina Isabel II trató de responder como siempre había hecho, imponiendo su voluntad sobre la familia real para seguir ciegamente lo que consideraba era el deber ser de la monarquía, guardando luto en privado ante la muerte de la madre de sus nietos para no hacer un show de su funeral, cuando lo que realmente quería la sociedad era precisamente todo lo contrario, alguna manifestación pública de dolor y luto de la monarquía y alguna oportunidad de recordar a Diana.
La reina Isabel II termina representando en la película unos valores y tradiciones conservadores ya anticuados, estando ella prácticamente en estado de shock al no entender como el actuar como siempre la sociedad había esperado de ella y que tantos sacrificios le había dado en las décadas previas, ahora causaba el efecto contrario por no ser lo que el público esperaba de ella. Si antes las personas querían discreción de la familia real, ahora se esperaba que dieran manifestaciones públicas de dolor y luto, que compartieran su dolor con el resto del pueblo, que al menos dijeran algo ante los medios. Y esto es algo que podemos entender mejor hoy en día, en una era dominada por las redes sociales y donde se espera que los ricos y famosos digan algo sobre las grandes tragedias de sus vidas prácticamente al instante.
The Queen se vuelve para mí una película fascinante, que nos muestra a una reina que actúa como siempre había actuado, con discreción y sin querer demostrar algún sentimiento en forma pública, creyendo que el pueblo seguía esperando eso de ella, pero que ante la muerte de la princesa Diana, finalmente vio como los valores que le habían inculcado de joven finalmente habían cambiado, y que lo que siempre había hecho para proteger a la monarquía, ahora la ponía en riesgo. Es también un preámbulo al tono que posteriormente Peter Morgan nos traería con The Crown, que en su próxima cuarta temporada finalmente llegará a la época en que Diana conoció a la familia real.
Si te gusta The Crown, y no estas dispuesto a esperar hasta que la serie llegue en algún momento del futuro a este periodo de la historia de la monarquía británica, o si simplemente te gusta las películas biográficas que saben captar muy bien el conflicto de una época, The Queen es una excelente película que The Digital Questioner te recomienda.

Licenciado de Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Venezuela. Me especializo en blogging, SEO y Analítica Web, además de ser un gran fanático de los videojuegos, el cine, el anime y los cómics.